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miércoles, mayo 24, 2006

Hoy me seduce una palabra...


Hoy me seduce una palabra azul
una ola lenta sin sal
sin aguas descalzas
un marullo de silencio
en la voz del hastío y el vacío
en la caída de una gota de sudor
a una avenida sin autos
y desnuda de cuerpos verdes
o de lagartijos de sombras
en la caída de las horas
como hojas de espuma
cuando el día y la noche se confunden
y no saber ni ser nada
y no ser nada ni saber algo
al fotografiar la ausencia con palabras
cuando apalabro mi hombre con letras
y tiendo una hamaca
y me mezo entre dos canciones de Silvio
al sol de este calor de verano
que habita esta ciudad de castillos de arena
que al caminar una sirena seduce mis sentidos
con un gistro de hojas secas
y con un violáceo maquillaje de miradas
en este día que no tiene calendario
y que un astrólogo me recomendó en el periódico gris
en este día que me cansé de esperar milagros
y que me sedujo una palabra azul
que tatué con saliva un nombre entre mis huesos.

jueves, abril 20, 2006

Esta tarde se me ocurre...



Esta tarde se me ocurre
recetarme palabras,
las buenas y las malas
las malas que son tan buenas
y las buenas que saben tan malas;
se me ocurre desnudarme
e irme de shopping
sin que me miren,
sin que yo mire,
sin que nos miremos;
se me ocurre irme a caminar
descalzo por una playa solitaria,
solitario por un monte de sombras,
ensombreciendo los pies con miradas;
se me ocurre disfrazarme de desconocido
e irme por las calles despobladas
o las calles sobrepobladas de ruidos
y no ser nadie mientras soy todos
andar descuidando los descuidos
mientras no soy nadie y estoy en todos;
se me ocurre escapar de las letras,
desbocarme en páginas vacías,
sin que me mimen ni me tienten,
y ser sólo un escritor sin palabras
y una palabra sin que me nombre escritor
al sumergirme en los recodos de la vida
y brindar en silencio en una barra;
esta tarde que ya no es tan tarde
se me ocurre escribir este bardo poema
mientras desbordo ideas y silencios
y mientras tú me lees y piensas:
“coño, que buen poema”
y acá, en esta tarde que ya no es tan tarde,
yo me río pensándote y pensándome
con una sonrisa carcomida de palabras.

domingo, marzo 26, 2006

Mi cama duele...


Mi cama duele
me acuesto con tu sombra que no dice nada
y un abismo de desiertos se tiende entre nosotros
porque no estás y hace mucho dijiste adiós
pero no te acuerdas, no lo aceptas,
y una enorme brecha me recuerda que aquí estamos
donde sólo queda un leve recuerdo, un roce,
y cada noche a tu lado es un grito frío
un llanto solitario como el de un niño en su cuna
y cuando nadie nos ve y todo es estéril
y mis manos inquietas no te encuentran
y mis dedos sangrantes no te mojan,
y mi hombre de cristal se rompe,
en esta cama que no tienen nombre
que alberga un cuerpo desnudo de sueños
y una virginalidad cada vez más nueva
cuando ardo por dentro y en ti sólo hay cenizas,
cuando del último polvo sólo quedan olvidos
y miro mis cueros frente al espejo y no me conozco;
mi cama duele
y un cuerpo muere perdido en sus llamas
cuando entre silencios llama aquella figura lejana
y me pueblo de versos cuando la sudo solo y callado.


sábado, marzo 11, 2006



Quité la camisa,
bajó el zipper lento,
quedó la carne desnuda,
entró el viento,
me rozaron unos brazos,
eran los míos desnudos,
surgió un escalofrío,
una corriente me recorrió,
me vi en blanco y negro,
me sentí mar sin color,
y fui ola en una corriente,
mis manos fueron costa
y un barco de papel nació
y navegó palabras verdes
en el horizonte de mis dedos
desterrados.

jueves, marzo 09, 2006

Ciego de palabras...


Estuve ciego de palabras
se quedaron sin ojos mis brazos,
se cuadricularon mis dedos de carne
y mis huesos se evaporaron adentro
donde el silencio se quedó mudo
un papel sin pupilas guiñó su ojo izquierdo
por donde escapaba una tribu de recuerdos
y se proyectaban en una pared negra,
y era mi mano,
el papel sangraba negro
la sangre era tinta y palabra seca
que caía en un hueco profundo
entre dos piedras macizamente huecas,
y eran mis labios,
me pesaron los segundos delgados,
se caía mi aliento y las horas
y me quedé colgando de las pestañas
cuando pesaba el bolígrafo como un adiós
y se quedaba el hombre con el rostro de letras
y se quedaba la vida desnuda de letras,
y se ahogaba la carne saciada de letras,
y los recuerdos estaban rellenos de letras
al caer el manto poli color de la tarde
y la noche y la mañana al abrazarse en silencio
cuando me caí sobre un papel vacío
y estuve ciego de palabras.

domingo, enero 30, 2005

Cae la noche

una sombra se abraza a mis dedos,
a lo lejos una mujer llora en silencio
mientras acá, más cerca, un hombre
hace de su piel un cuerpo y late
y siente y muere en pequeños pedazos
bautizados con fragmentos de lluvia
y su verde mirada es un campo vacío
por donde vuelan dos mariposas lejanas
y no hay viento, ni nubes, ni oxígeno
sólo una silueta que corre despavorida
dejando atrás un rastro de pies que se difuminan,
un reloj lo mira desde un campanario de velas
mientras una manecilla le da chino a otra y nadie las ve
nadie escucha el paso del fantasma-hombre
sólo sus manos hacen un chasquido
cuando escribe hacia el cielo quién sabe qué
con sus pies en el suelo con cadenas mohosas
y una herida a carne viva llena de sicodélicos colores
mientras minotauros con caras de famosos
se deslizan por una avenida encubierta
donde una hormiga hace de una lata un motel,
gatos persiguen a gatas en edificios abandonados
y la ciudad se vuelve un gran zoológico
en donde zombis políticamente correctos se reproducen
sobre una lágrima manchada de esperma aún caliente
de algún machus que lloró su última venida
en algún callejón donde yace un carro olvidado
muy cerca de un tren urbano recién inaugurado
y la esperanza de un progreso cada vez más fragmentada
sobre antorchas de fuego en donde un humo azul
es la sangre fría y evaporada del mismo hombre de estos versos,
de estos grafemas que a veces son dilemas y teoremas,
pendejaces de una misma frase que se juega a la inteligencia
con la decencia de ser indecente ante un contingente de manicomios
donde a veces me escondo y soy mi propio demonio
y a una vieja se le para el moño viendo el noticiario
en donde una noticia anuncia que un poeta mató un poema
y que es buscando por los nacionalistas académicos del verso
y ese hombre-poeta corre anverso y reverso por callejones
durmiendo en cuentones entre boleros y reggetones
donde se le hace un revolú entre Maelo, La Lupe y Don Omar
y ve a lo lejos un mar que lo llama con sus olas retocadas de diesel
al lado de un castillo de piedra que sigue repitiendo historias
como la de un hombre con un lagartijo en su espalda que escupió sangre
sobre una página que llevó en su bolsillo al lanzarse al vacío de una botella
o el de una estrella que se estrelló contra el horizonte
en una noche de neblinas claroscuras como una pintura de Miró
el día en que todos nos negamos a ser gente porque sí,
el día en que vi mis dedos desnudos por primera vez
y vi que eran ramas que había cortado el hombre-poeta de este poema.

Y nació este mundo...

Apareció la palabra. Con las primeras letras, las cosas comenzaron a tomar forma. Cuando las cosas tomaron forma, las miradas se regaron por el mundo y ahora son tantas que no sé cuál es la mía; pero no importa. Con las miradas se descubrieron las formas y las formas fueron cuerpos y cosas. Los cuerpos eran espectros de luz y de sombras que se juntaban y se separaban con ritmo y en silencio. Las cosas complementaron los cuerpos y todos firmaron un pacto no escrito para convivir en balance. Así nació el mundo de las palabras para mantener el balance de las cosas y para soltar y dar alas a los cuerpos. Apareció el mío desnudo tras letras que no revelaré. Así el mundo fue y es el mundo de las palabras donde caminan hombres, mujeres y cosas y un ángel con alas llenas de polvo que vuela entre las palabras y lugares prohibidos, como debe ser.